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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Oscar Wilde. La decadencia de la mentira




















Oscar Wilde en La decadencia de la mentira hace una crítica sobre el arte entendido como imagen de la realidad, como fotografía y consecuencia de lo cotidiano. A través de dos personajes, Cyril y Vivian veremos esta crítica. Cyril está a favor de que el arte es el reflejo de la sociedad, de la vida y de nuestro tiempo. Vivian en cambio, piensa que la naturaleza y la vida copian al Arte y que éste sí es auténtico. El arte no es copia de nada sino de si mismo. A través de Vivian Wilde denuncia como la cotidianidad se ha apoderado de las diversas formas de arte y de cómo se ha de volver a la ficción, al mito y al engaño para recuperar la esencia del arte. Lo que Platón denuncia sobre las fábulas en el libro II de La República es lo que Wilde reivindica. Por lo tanto el arte no puede ser imagen de la realidad sino todo lo contrario, como generadora de realidad. “El arte se desenvuelve únicamente sobre sus propias trazas”. El arte debe partir de él mismo, del artista a partir de cómo entiende él la realidad. “Ningún gran artista ve jamás las cosas como son”. Es desde ese momento en el que nosotros debemos realizar un trabajo de descodificación para entenderlo y llevarlo a nuestra realidad particular y comprensión. Además de todo esto, no es que el Arte no copie a la vida y la naturaleza sino que de algún modo es ésta la que copia al Arte. Un ejemplo de esto es cuando a través de alguna historia de ficción ha generado personas que recreaban esa ficción como por ejemplo de asaltador de caminos. Es en ese momento en cuanto la realidad copia al arte. Porque la naturaleza es tal como es pero sólo a través del artista que ve las cosas a través de su estilo como si de un filtro se tratara y después es la realidad la que se adecua al arte o visión del artista. “Es el estilo lo que nos hace creer en las cosas; nada más que el estilo”. Hubo un tiempo en que el Arte partía del engaño, del mito, de la exageración y de la fantasía. Después se le fueron introduciendo elementos de realismo que por si solos daban riqueza a la obra. El problema vino después cuando el realismo expulsó a la ficción del Arte y la concepción del arte pasó a convertirse en caracterización de la cotidianidad. Por tanto, el Realismo como movimiento artístico es un completo fracaso porque no consigue reflejar a la Vida y la Naturaleza sino que termina en un estilo carente de imaginación, aburrido y decadente. El único modo de generar Arte es pasar por la convenciones del artista. “En el momento en que el Arte abdica de su medio imaginativo abdica de todo”. Llegamos a la conclusión de una nueva estética que pasa por volver a la ficción, al arte como medio independiente de la realidad y generadora de realidad. Por lo tanto, esta nueva estética que define Wilde se puede resumir en tres puntos: primero, que el Arte no es reflejo de su época sino de si mismo y en algunos casos incluso de oposición a ella; segundo, el arte malo como el Realismo proviene de convertir a la Vida y la Naturaleza en ideales y quitar de ellos todo rastro de imaginación; tercero y último, que la Vida imita al Arte más que no al contrario y los efectos que podemos ver en la Naturaleza los hemos visto antes en la poesía y en la pintura.

jueves, 25 de julio de 2013

Jean-Paul Sartre. La náusea

























La Nausea es una novela donde nos encontramos con su protagonista, Antoine Roquentin, un especialista en Historia que se encuentra hospedado en un hotel en Bouville, un municipio imaginario de Francia, y en donde el protagonista está interesado en la vida del Marqués de Rollebon. Sin embargo pronto dejará de interesarle ese personaje porque Roquentin se verá atrapado por una sensación de nausea que le atrapará por completo. Acompañándole en la novela aparecerán otros personajes relacionados con el pasado y el presente de Antoine como son Anny, ex-pareja y ex-actriz de teatro de unos treinta años como él y el Autodidacta, personaje que se encuentra en la biblioteca y que tiene la costumbre de estudiar a los autores alfabéticamente. Por un lado, Anny representa los recuerdos de un relación pasada y de unos sentimientos que en cierta manera él comparte pero que ella no deja de reprocharle la relación que tuvieron en el pasado en la visita que ella le hace en Bouville. Por otro lado, el Autodidacta representa el humanismo, un versión de humanismo que él detesta. Además, el Autodidacta acabará siendo acusado en la biblioteca de pederasta al ser atrapado 'in fraganti' por el vigilante al verle haciendo unas caricias a unos alumnos que allí asistían. En la novela se tratan muchos temas como son la muerte, el amor o la alienación de las personas y en particular de los ciudadanos de Bouville así como de sus autoridades más ilustres. Sin embargo, el tema más profundo que trata Sartre en esta obra, en mi opinión, es el existencialismo, la sensación de existencia desatada por una sensación de nausea que le viene al principio de manera puntual pero que acaba aceptando y abrazando. Es una sensación de que por desgracia se siente como un 'ens' existente. Al contrario que Descartes, no pone en duda la existencia pero tampoco la da por supuesta. No es sólo que exista y punto, sino que se da cuenta de que la gente da por supuesto la existencia cuando esa existencia se convierte en algo que le ahoga, en algo molesto y también en algo que encuentra sin ningún sentido, ninguna finalidad. Somos seres que existimos de manera temporal y que en algún momento dejamos de existir, así como todo lo que existe pero que simplemente carente de finalidad para su existencia. La gente cree en una serie dogmas que desde la sociedad y desde la racionalidad nos han impuesto para poder sobrellevar el día a día pero que si se mira con otro prisma se ve que no tiene ningún tipo de finalidad, son meros existentes en el tiempo para dejar paso al dejar de existir. Este sentirse existente lleva consigo una angustia y una desesperación pues no es posible no existir, aunque si dejar de existir sin que eso no impida que se haya existido y que todo lo demás exista de manera total. Si estamos abandonados de toda finalidad también estamos abandonados de cualquier principio que nos quieran imponer y que sean considerados como absolutos. En cualquier caso, los principios que nos hagamos serán realizados por uno mismo y en relación con las demás personas. Somos responsables de nosotros mismos. De la misma manera, Antoine Roquentin considera el tiempo como un continuo presente en el que los recuerdos que tiene de viajes pasados son recuerdos vagos que se van desfigurando de su memoria o que aunque recordados perfectamente, no dejan de ser una versión distinta a esa realidad en ese momento concreto. Es por este motivo que pone en duda que alguna vez haya tenido lo que él considera como 'aventura' siendo sus sucesos tan subjetivos que se alejan de la concepción de 'aventura' tal como se entiende en el sentido de una novela de aventuras. Por estos mismos motivos, se verá obligado a abandonar la reconstrucción de los hechos históricos del Marqués de Rollebon. Al final de la novela, una vez ya perdida la esperanza de poder tener una relación con Anny y de presenciar el 'humanismo pederasta' del Autodidacta y ya en plena catarsis existencialista, llegará a la conclusión de que debe escribir un libro, un algo que le trascienda, como la canción de Jazz que suena gracias a su amiga Madeleine en el bar del Rendez-vous des Cheminots donde se hospeda. “Some of the days you'll miss me honey”, esa es la letra de la canción que siempre pide que suene en el fonógrafo. Antoine llega a la conclusión de que debe escribir una libro, pero no de Historia, porque él cree que la Historia habla de lo que ha existido y un existente no puede justificar la existencia de otro existente. No, debe ser una novela de aventuras, algo que esté más allá de la existencia, algo irreal. Sólo a través de este acto podría llegar a recordar su vida sin sensación de repugnancia cuando mirara al pasado y pensara que todo empezó tal día como hoy, refiriéndose al momento de la toma de decisión de escribir la novela. De la misma manera que la canción de Jazz pervive en el tiempo más allá de sus autores, como en todo el arte en general, él con su obra podría burlar la existencia siendo un existente que en algún momento dejaría de existir pero del cual quedaría una parte de él que sobreviviría.









domingo, 21 de abril de 2013

Guy Debord y Comentarios sobre la sociedad del espectáculo


  COMENTARIO DE LA OBRA DE GUY DEBORD COMENTARIOS SOBRE LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO



La intención de este comentario es la de ver algunos rasgos de esta obra de Guy Debord publicada en 1988, continuación de La sociedad del espectáculo que apareciera en 1967. Guy Debord fue el fundador de la Internacional Situacionista en 1957. El movimiento situacionista fue una vanguardia artística, de investigación experimental de la vida cotidiana y contribuyó en la teoría y en la práctica de una nueva contestación revolucionaria. Los situacionistas participaron activamente en el Mayo francés. La Internacional Situacionista se disolvió en 1972. Sin querer entrar demasiado en el aspecto cronológico, de resumen de la historia de la Internacional Situacionista, nuestro propósito es el de incidir en algunos aspectos de esta obra e intentar profundizar en ella desde un punto de vista personal. En La sociedad del espectáculo se mostraba como el espectáculo moderno era el dominio autocrático de la economía mercantil, que había alcanzado un status de soberanía irresponsable y el conjunto de las nuevas técnicas de gobierno que acompañan ese dominio. En 1988 y según Debord el espectáculo es indudablemente más poderoso de lo que era antes. Esto es debido a los mass media, o más exactamente a un exceso de ellos. En 1967 Debord distinguía dos formas del poder espectacular, la concentrada y la difusa. La primera típica de los totalitarismos nazi y estalinistas y la segunda típica de la americanización donde se era libre de escoger entre una gran variedad de mercancías. Estas dos formas, sucesivas y rivales, han devenido en una tercera, la combinación de las dos anteriores, lo espectacular integrado. Esta tercera forma es importante en la comprensión de la sociedad del espectáculo en 1988, pues si en la espectacular concentrada se le escapaba la mayor parte de la sociedad y en la difusa una parte muy pequeña, ésta en cambio, abarca a todos y no se le escapa nada. Una vez distinguidas estas apreciaciones vamos a incidir en algunos puntos concretos. En el capítulo V Debord dice: “La sociedad modernizada hasta llegar al estadio de lo espectacular integrado se caracteriza por el efecto combinado de cinco rasgos principales: la innovación tecnológica incesante; la fusión de la economía y el Estado; el secreto generalizado; la falsedad sin respuesta; un presente perpetuo”.
Este fragmento resulta interesante, pues aunque han pasado veinte años desde su edición, no por eso ha perdido fuerza. Qué decir de la innovación tecnológica incesante? Actualmente vivimos en un momento donde la tecnología es omnipresente en todos los ámbitos de la sociedad, no sólo para un sector concreto y generacional, sino a todos los niveles. Vivimos rodeados de pantallas. Somos espectadores llevados al paroxismo. Desde que a mediados de los noventa apareció el fenómeno de Internet, hemos ido avanzando hacia una sociedad digital, el homos digitalis. Veinte años después resulta aun más pertinente la visión de Debord. Vivimos pendientes de pantallazas incesantes, dispositivos digitales como los MP3, PDA, ORDENADORES PORTÁTILES, TELÉFONOS MÓVILES, etc. Siempre accesibles, todo lo podemos realizar mediante un click, y lo obtenemos al momento. Respecto al presente perpetuo, Debord cree que el dominio de la historia era lo memorable, la totalidad de los acontecimientos cuyas consecuencias se harían sentir durante largo tiempo. La sociedad del espectáculo, sin embargo, ha colocado fuera de la ley a la historia, la ha relegado al olvido y el espíritu histórico de la sociedad. Este movimiento no es gratuito, y otros autores como Levinas y Patocka hablan sobre el tema de la memoria y del movimiento de la sociedad de progreso de ver la historia como un continum, o como Debord mismo dice en el capítulo VII: “Con la destrucción de la historia, incluso el acontecimiento contemporáneo se pierde inmediatamente en una lejanía fabulosa, entre relatos imposibles de verificar, estadísticas incontrolables, explicaciones inverosímiles y argumentos insostenibles”.
Otro aspecto de la sociedad del espectáculo es el del secreto generalizado y la falsedad sin respuesta, ambos complementarios. Debord comenta en su obra como el gobierno no sólo es hábil en ocultar la historia sino que también lo es en ocultar o no dar toda la información sobre acciones pasadas y presentes, ya sea por motivos políticos, económicos o ambos. Un ejemplo de esto es cuando en el capítulo XIV nos dice como la ciencia se halla sometida a intereses económicos, y no es la misma ciencia que descubrió una cura a la lepra y la viruela que la ciencia que promovieron la radiación nuclear y la química agroalimentaria. Según Debord, la medicina actual no puede defender la salud de la población, pues eso significaría oponerse al Estado y a la misma industria farmacéutica. Como opinión personal, y esto ya no son palabras de Debord, intuitivamente y sin ser especialista en medicina o farmacología, podemos observar como actualmente esto se puede observar en el hecho de que un mismo medicamento existe pero en distintos ejemplares, dependiendo del laboratorio que lo realiza. Se demuestra que hay una fuerte relación entre economía y salud. Por otro lado, qué decir, y solo especulativamente, de un posible medicamento que curara de forma inmediata enfermedades como el cáncer, el sida, etc.? Pues que no resultaría económicamente rentable frente a los largos tratamientos de tantos otros medicamentos, que aunque no puedan curar, si que mitigan el dolor. De todas maneras, esto es sólo una especulación, aunque si que coherentemente posible.
En el capítulo XVI Debord habla sobre el concepto de desinformación. El autor cree que éste es empleado abiertamente por algún poder o por gente de algún fragmento de la autoridad económica o política. La desinformación no es sólo la negación de un hecho que conviene a las autoridades, sino que debe contener una cierta parte de verdad, deliberadamente manipulada por un hábil enemigo. La desinformación es por lo tanto, el mal uso de la verdad. La práctica de la desinformación es ejercida por el Estado. Debord cree que la desinformación reside de hecho en toda la información existente y que es su característica principal, “Allí donde se nombra la desinformación, no existe;allí donde existe, no se la nombra”. Otro aspecto del secreto generalizado y la falsedad sin respuesta es el que se produce en nuestra sociedad en la cual Debord, en el capítulo XVIII, dice que ésta está fundada sobre el secreto. Alude a ejemplos concretos de empresas tapaderas y a secretos militares. No hace falta pensar mucho para darnos cuenta que en este aspecto, el texto, aunque con una veintena de años de diferencia hasta el dia de hoy sigue manteniendo toda su vigencia. Esto es debido a que cualquier persona con un mínimo de inteligencia puede ver en las noticias o en los periódicos sucesos que dan información, no tanto por lo que se dice sino por lo que se calla. Secretos revelados cincuenta años después al gran público, como por ejemplo, el de España como lugar de escondite de altos cargos del ejército nazi, después de la derrota de éstos en la II Guerra Mundial. Pero este es solo un ejemplo de una larga lista. En este mismo capítulo, Debord comenta el hecho de que cada vez hay más hombres para actuar en secreto, adiestrados para tal fin.
Las nuevas condiciones de la sociedad de lo espectacular integrado forzaron a su crítica a permanecer realmente en la clandestinidad, y no porque ella se esconda sino porque la esconde la pesada escenificación del pensamiento recreativo…”
En este fragmento es donde podemos ver donde todo empieza a encajar, según nuestra humilde opinión. Debord hace referencia a ejemplos concretos de combatir a terroristas mediante terrorismo como los SAS ingleses a irlandeses o como el GAL a los vascos, pero podemos actualizar la lista añadiendo ejemplos como el de Guantánamo. Precisamente este poder actualizar la lista es un indicativo de la vigencia de las tesis de Debord. El hecho de que creamos que todo empieza a encajar es debido a que si unimos la pérdida de sentido histórico, la sociedad recreándose en sus pantallas, la desinformación, el interés económico entrelazado en los diversos aspectos de la sociedad, como el de la salud, y este actuar de manera secreta por fuerzas del Estado pero a escondidas del conocimiento de la sociedad, son solo algunos indicativos de la sociedad del espectáculo que Guy Debord advierte en esta obra de 1988, pero que insistimos que continua siendo de igual o más vigencia veinte años después. Para finalizar, Debord cree que hubo un cambio radical a partir de 1968, del Mayo revolucionario. Desde entonces hasta ahora cree que actualmente se dan miles de complots a favor del orden establecido, redes secretas, operaciones secretas y su integración dentro de la economía, la política y la cultura. Esta no es sino la consecuencia de lo arriba mencionado y acierto de nuestra apuesta sobre el encajar de las cosas.
La intención de este trabajo no ha sido la de resumir toda la obra Comentarios sobre la sociedad del espectáculo sino en el de incidir en ciertos aspectos relevantes, aunque seguro que no todos, e intentar extrapolarlos hasta el presente, en un experimento el resultado del cual ha sido positivo. No tan solo ha sido posible la extrapolación sino que además a mi parecer se han ampliado las consecuencias y las condiciones de posibilidad. Todo esto nos lleva a pensar que seguimos siendo los grandes espectadores de la sociedad, la sociedad del espectáculo.

Emilio Lledó

El silencio de la escritura






La escritura es un diálogo entre el pasado y el presente, entre la memoria acumulada de la historia colectiva y de la historia individual. También es  un diálogo entre dos maneras de pensar, cada una determinada por las circunstancias personales y sociales entre el que lee y el que escribe. Es una reflexión tranquila y segura frente a la borágine de la inmediatez de la comunicación en estos días. Todo conocimiento, según Kant, proviene de la experiencia pero no es algo pasivo sino que el sujeto interpreta esas experiencias y lo transforma en un conocimiento desde su propia subjetividad, el cual queda plasmado en el texto. A su vez, el que lee ese texto debe comprender el sentido del autor.
El tiempo del lenguaje es un tiempo vivo. La escritura es un medio para conservar la sabiduría pero lleva como contrapartida que acomoda a la memoria inmediata a depender de lo escrito. La escritura libera al logos de la voz, pues la escritura sobrevive a la voz y aunque Lledó no lo diga pero sería como el eco de ésta. La hermenéutica trata de acompañar la muda soledad de la letra y despertar el sentido oculto, saber preguntar a la escritura. El pensamiento es temporal porque tiene que dialogar con su propia historia. Es a través de la escritura donde perviven las voces, de otra manera y en palabras literales del autor "el efímero tiempo de los latidos se habría agotado en la insalvable soledad de cada presente".

Los planteamientos filosóficos se convierten en historia pero siempre podemos volver a un tiempo determinado gracias a las voces escritas y eso es porque aunque con diferentes enfoques de los planteamientos filosóficos, la razón humana no puede acabar de dar una solución absoluta pero eso garantiza la posibilidad del logos a lo largo del tiempo. El texto escrito al perder la inmediatez del lenguaje hablado, sin embargo gana en 'mediaciones' y que la hermenéutica se encarga de interpretar. Un texto dice lo que dice, pero detrás se esconde algo más que hay que interpretar, algo implícito. La hermenéutica apuesta por la comprensión frente al concepto de explicación. La obra escrita como experiencia filosófica queda circunscrita en la tradición filosófica de ese momento. El escrito se escribe para el lector del futuro y es desde ese presente en que se determina el futuro o presente del lector en un sentido hermenéutico. Una cosa es entender lo que el texto dice pero también "entender sus sentidos, lo que el texto quiere decir desde lo que el texto dice". No se puede entender mejor el sentido de una obra que la que hace su autor porque el sentido lo da él a través de una serie de causas, que aunque pudieran ser equivocadas responden a un momento de su creación. Esto contradice la teoría de la interpretación que quieren entender un texto mejor que su autor.

La experiencia filosófica comienza en el texto pero el fin de esa experiencia es el lector. Acaba en esa asimilación del lector, en la tensión de hacer nuestro el texto. La objetivación del 'en sí' del lenguaje filosófico está en tensión porque el mundo en que este se inscribe es un mundo humano y elaborado sobre su lenguaje. Es la tensión entre la racionalidad y el universo histórico en el que aparece tal racionalidad. Esto creará el problema del saber y de las condiciones de posibilidad del análisis de la filosofía en su historia. Con la escritura aparece la memoria colectiva y la Historia. Mucho más allá de la comunicación oral que se pierde con el orador y que está determinada en un espacio y tiempo concretos. En el escrito se refleja la presencia de una ausencia, de la ausencia del autor. El universo pre-lingüístico es el que determina el discurso pero del cual no queda rastro en el escrito. Para algunos autores como Barthes o Foucault todo está en el texto y por lo tanto nada queda fuera de él. En contra de estos, aunque el texto sea la única posibilidad de experiencia, sin embargo su realidad como texto sólo tiene sentido cuando el lector proyecta sobre él su presente. El comprender mejor viene siempre determinado desde un lector que no es móvil sino que es un lector situado desde un punto de vista histórico, desde una comunidad y por lo tanto dialoga desde sus propias circunstancias particulares con el texto. De la misma manera, tampoco podemos desvincular al texto de su autor ni de su tiempo (textualismo). Sin la presencia del lector la escritura nunca saldría de su silencio. Las palabras, desgarradas de su autor, sólo se hacen pensamiento en aquél que posa su mirada sobre ellas. Una vez escrita la obra ésta se independiza y saber sobre su autor sólo sirve a la historiografía y para buscar posibles contextos o relacionarlo con otros escritos.



jueves, 16 de febrero de 2012

CIENCIAS HUMANAS VERSUS CIENTIFICISMO

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Cuando hablamos de Ciencias Humanas nos referimos a todas esas especialidades en que su objetivo es estudiar al ser humano, tales como Filosofía, Geografía, Historia, Pedagogía, Sociología, Paleontología, Lenguas clásicas, Estudios Artísticos, y un largo etcétera. Por otro lado, cuando hablamos de Cientificismo nos referimos a esa corriente de pensamiento que acepta sólo las ciencias comprobables empíricamente, como fuente de explicación de todo lo existente, tales como Física, Biología, Química, Astronomía, y otro largo etcétera.
En este trabajo, nuestra intención es ver, a través de dos autores (C.P Snow y Bryan Appleyard), la dicotomía que ha habido en la Historia entre las ciencias humanas y las ciencias aplicadas. Partiremos, primeramente, del texto de C.P Snow Las Dos Culturas, del cual haremos diversas reflexiones sobre la vigencia actual o no de ese texto a día de hoy.
En el punto de partida, Snow se coloca él mismo entre los intelectuales literarios, por su faceta de escritor, y entre los intelectuales científicos, por su vocación científica. Empieza de esta manera lo que él cree que son las dos culturas, la de los literarios por un lado y la de los científicos por el otro. Dos grupos comparables en inteligencia y que según él habían dejado de comunicarse. Recordemos que el texto del autor pertenece a la década de finales de los cincuenta del siglo XX. De los no científicos nos comenta como éstos ven a los científicos como personas optimistas por pura superficialidad, por ignorancia del hombre. A su vez, los científicos creen de los no científicos que son gente que carecen de visión anticipadora, que viven desentendidos de sus hermanos los hombres. Snow advierte como estas reducciones tergiversadas son peligrosas e inexactas. Por un lado, lo del optimismo científico, comenta como algunas científicos abrigaban la condición trágica de estar solos (pues solos morimos) y con fe religiosa. Aunque demuestra que el mismo hecho de tengan esa condición trágica no quiere decir que tenga que serlo también la condición social. Explica que los científicos, como grupo humano y social, tienden a una voluntad optimista respecto a la resolución de problemas, y ese es su fin. También es cierto, que en ese proceso, tienden a mirar con desprecio las actitudes sociales de la otra cultura, la de los literarios. Snow indica que cualquier intento de dividir cualquier cosa en dos debe mirarse siempre con sumo recelo. Snow cree que si bien un biólogo tenga una idea vaga sobre física, también es cierto que existe unas maneras de proceder que son generales en el ámbito científico. Aquí parece hablar el autor sobre un modo de proceder, ya sea el método deductivo o inductivo, general y aceptado por la comunidad científica. En cambio, en cuanto a los literarios, y en buena medida, de los filósofos, no existe esa generalidad de sistema, sino diversos y personalizados. Cree que los sentimientos que son para unos son a la vez los anti-sentimientos del otro. Si los científicos llevan el futuro en la sangre, los literarios desean que el futuro no exista. Asimismo es la cultura tradicional la que dirige el mundo. No hay que olvidar que este texto es de finales de los cincuenta y las cosas han cambiado mucho desde entonces, aunque de eso ya hablaremos tarde. El autor cree que debido a estas circunstancias se ha visto afectada tanto la esfera de lo práctico como la esfera de lo intelectual y en la actividad creadora, en detrimento de éstas.
En general, confiesa que la división de las dos culturas viene dada también por el hecho de que cada bando tiene su propia cultura, si bien indica, que los científicos tienen su propia cultura, rica en contenido teórico, generalmente más riguroso y casi siempre de un nivel conceptual más alto que las teorías de los intelectuales literarios.
Esto genera a su vez, que los científicos no se interesen por las novelas, historia, poesía o teatro. No es que no se interesen por la vida social, moral o psicológica. Snow cree que en lo moral son el grupo de intelectuales más sano que existe, lo cual es discutible ya en la época de posguerra en la que se escribe este texto y quizás aun más en pleno siglo XXI donde la ciencia se ha convertido en la panacea universal. Nos cuenta Snow que en general, lo científicos no se interesan por la cultura tradicional ni que incida en el campo de lo moral, psicológico o social, lo cual también cree que es un error por parte de éstos y un empobrecimiento de su espíritu.
Por el otro lado, encuentra a los literarios, los cuales se complacen en sostener que la cultura tradicional es toda la cultura, llegando así al mismo nivel de empobrecimiento, como si todo lo que sabemos sobre el universo físico no valiera para nada. Según este autor, parece que estas dos culturas no tengan ningún punto donde se puedan encontrar. Creen que no hay diálogo entre ellas. Piensa que uno de los motivos de esta separación es a causa de la especialización académica. Es curioso como esto de alguna manera no ha cambiado tanto de entonces hasta aquí. Snow indica que hace 60 años, eso es final siglo XIX principios del XX, estas dos culturas ya se encontraban peligrosamente separadas, pero que personajes como Lord Salisbury, podía tener su propio laboratorio o Arthur Balfour mostraba por la ciencia natural un interés que excedía al de un simple aficionado.
Actualmente, en la época del autor, los jóvenes científicos ven como sus especialidades van en ascenso, mientras que la de los literarios van en sentido contrario. Mientras unos ganan sueldos considerables, los otros se tienen que conformar un poco más de la mitad de aquellos. En este aspecto tampoco se puede decir que en pleno siglo XXI haya cambiado mucho en éstos aspectos. Si bien es cierto que muchas carreras humanísticas se han especializado, también lo es el hecho de que hay mucha mas bolsa laboral para un técnico en laboratorio o un técnico en gestión de redes informáticas que para un paleontólogo o un sociólogo. Esto era así hace 50 años en la época de nuestro autor y sigue siendo así en pleno siglo XXI.
Una de las razones de la existencia de las dos culturas, es la razón histórica. Snow hace un excurso sobre la Historia y concretamente sobre la Revolución Industrial. La localización que da es en Inglaterra, donde ésta empezó antes que en ningún otro lugar, aunque lo generaliza a todos los países industrializados o en vias de industrialización. Explica como la gente pasó de cultivar el campo para dirigirse a trabajar a las fábricas. La evolución tecnológica de entonces demandaba cerebros inteligentes que se ocuparan de dirigir este cambio, y según él, los intelectuales literarios y los científicos puros, no se interesaron por estos hechos. Esta situación es la que hizo que algunos chiflados y obreros ingeniosos se ocuparan de ello. Asimismo, los intelectuales se apartaron con aversión como si lo correcto en un hombre con sensibilidad fuera no ser parte en eso. Pues si hay una verdad indiscutible, es que la industrialización es la única esperanza para los pobres, en la década del autor que es finales de los cincuenta, aunque actualmente asistamos que esto ya no es tan categórico. En efecto, vemos como a causa de la globalización, los costes de producción en las fábricas se abaratan, para poder competir a nivel internacional, pero a la vez, esto afecta también a los sueldos de los trabajadores, o en el peor de los casos, al cierre de la fábrica para llevarla a otro país donde los costes de fabricación son más baratos y los sueldos inferiores.
Por todo esto, podemos decir que la situación de los estudios humanísticos y de los estudios cientificistas sigue siendo la misma que hace 50 años en lo que respecta a la demanda de lo aplicativo de lo científico, a la pragmática de éstos, en un mundo cada vez más tecnológico e informatizado. Si bien es cierto, como hemos dicho antes que se abran más posibilidades dentro de las especialidades humanísticas, también lo es el predominio de las ciencias
Aplicadas en el mundo laboral. ¿Se reduce entonces todo a lo laboral, a lo económico? Quizás sea una simplificación quererlo ver así, pero también es cierto que en plena época capitalista parece muy anacrónico las máximas relacionadas con el saber por el saber y la plenitud de espíritu. Claro está que es una decisión personal de cada uno, pero no parece ser la tónica general. Solo cabe ver como lo que deparará el futuro, si en algún momento los estudios humanísticos tomarán un papel más importante en todos los ámbitos de la sociedad, quizás debido a un declive del actual sistema económico capitalista. El tiempo lo dirá.
A continuación, vamos a exponer el punto de vista de Bryan Appleyard, redactor de crónicas especiales para el Sunday Times y otras publicaciones acerca de temas de la ciencia y la cultura, el cual hace un estudio de la evolución de la ciencia y muestra el momento de escisión de ésta con lo humanístico.

  1. Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. El primero, asentando sus bases experimentales y, el último, encumbrándola al más alto nivel.
  2. Galileo y Newton fundan la ciencia propiamente dicha, hija de Occidente y de la Modernidad. El primero, asentando sus bases experimentales y, el último, encumbrándola al más alto nivel.
  3. Bacon, Descartes y Kant le otorgan a esta ciencia naciente su orientación y soporte filosóficos: empirista, el uno; racionalista, el otro; sintético, el tercero. Esta ciencia empieza a destronar la creencia religiosa, imperante hasta entonces.
  4. Einstein (y los relativistas), Planck (y los cuánticos), Lorentz (y los teóricos del caos) destronan a Newton y su proyecto mecanicista, conquistando para la ciencia extraños y complejos territorios, a la vez que la sumen en una crisis de identidad. La imagen de la ciencia dista todavía de ser unitaria. En lo social, la bomba atómica, la guerra fría y la carrera espacial.
  5. Darwin y Freud cambian la visión de nuestro origen y devenir, asaltan nuestro yo desde la biología y la psicología, respectivamente. Nuevo impulso al proyecto cientificista.
  6. Los físicos Bohm y Capra y el biólogo Sheldrake coquetean con el misticismo. Una nueva espiritualidad.
  7. Los ambientalistas llaman la atención por la supervivencia de la Tierra.
  8. El platónico Penrose y el materialista Hofstadter polemizan en torno a la Inteligencia Artificial, en defensa de una versión débil el primero y de una fuerte el segundo. En lo social, Star Wars conquista Hollywood y aumento de la tecnología en el ámbito del hogar y del trabajo.
  9. Los biotecnólogos en ascenso. Alimentos transgénicos. Proyecto Genoma Humano.
  10. Rusell y Wittgenstein, maestro y alumno con posiciones antípodas. El primero defiende el proyecto del cientificismo liberal. El segundo, muestra como la alianza de la ciencia y la filosofía han forjado nuestro saber. Su obra tiene implicaciones liberadoras para nuestras sociedades y nuestras vidas de la dominación científica, y para la ciencia misma, de la ideología cientificista.
  11. Hawkins, Sagan y Bronowski, portavoces de la ideología del cientificismo Appleyard opta por la estela de Pascal, Kant, Kierkegaard y Wittgenstein, les critica y es acusado de anticientífico.

Se puede comprobar como esta evolución no es lineal, sino de subidas y bajadas con momentos de posiciones dogmáticas o con momentos de relativización. Según este autor, su crítica va dirigida, 1) la denuncia de la falacia cientificista y 2) el control social de la ciencia. Sobre la falacias cientificista siguen las siguientes tesis:
    1. La ciencia es el modelo de la racionalidad humana, su proyecto mismo, al que estamos destinados inevitablemente.
    2. La ciencia es axiológicamente neutra.
    3. La ciencia es, o puede ser, la explicación total y única a los fenómenos de la naturaleza y la sociedad.
    4. Sólo entregándonos a la ciencia es como podremos solucionar todos los problemas de la humanidad.
Su crítica esta relacionada con el hecho de que la clave del éxito de la ciencia ha sido que nada ha podido competir con las respuestas teóricas y prácticas dadas por la ciencia a los problemas que la realidad plantea al hombre. De lo que se sigue que solo la explicación científica puede ser considerad como verdadera, como sigue en el siguiente cuadro:

Utilidad de la Ciencia = Verdad
Preguntas Científica = Únicas Preguntas Válidas
Respuestas Científicas = Verdad en ascenso.
Otras respuestas = simples Opiniones
Cuestionamientos a la Ciencia = Anticientificidad.

Podemos observar en este cuadro una imposibilidad a cuestionar o considerar sobre las verdades de la ciencia. Según la esquematización de Appleyard, ¿podemos aceptar sin mas que sólo existe este tipo de conocimiento como verdadero en el sentido estricto? Para algunos, el cientificismo es un invento de la Época Moderna, conocimiento que no tuvieron otras sociedades. Por otro lado, ¿el cientificismo se puede liberar de toda responsabilidad moral y ética, refractando ésta en las decisiones políticas?
Las ciencias humanas deben adquirir una cierta pretensión de cientificidad, mediante estadísticas, estudios sociales, etc. o solo algunas? Se convierte el cientificismo en el nuevo dogma, como algo incontestable para personas no científicas y adquiriendo el status de ‘religión’? Y por último, si el progreso de la ciencia da explicación de lo humano y sirve para mejorar la vida humana, ¿es coherente pensar que tanto progreso tecnológico trae consigo la felicidad para el hombre o mas bien la alienación de éste en según que circunstancias? ¿Somos esclavos de nuestros inventos? ¿Podrá salir al paso lo humanístico, no como involución sino como corrección de prioridades de vida respecto al consumismo que nos rodea?
Son muchas las cuestiones, pero lo que si está claro, es que se debe encontrar algún punto de unión o re-unión del saber científico con el saber humano, para no convertirnos es autómatas ni para volver a las cuevas y a los ritos.